De pequeño quería ser bombero, dibujaba mangueras, hidrantes, carros rojos, llamas saliendo de ventanas, chorros de agua y escaleras con cubículo en cuanto lienzo encontraba a mi paso.
Mi mamá, como todas las mamás del mundo, entendió mi petición y para el día de los disfraces me fabricó uno, de bombero.
Insignias americanas, parches de condecoración, rojo intenso en mi camisa, dos bolsillos de tapa a la altura del pecho, un blue jean marca carrel con olor a tinta indigo, botas croydon, un bigote grueso pintado con lápiz de ojos y, lo más fascinante, realizado también a mano como todo el conjunto, un casco de bombero hecho en papel maché más hermoso que hubiera visto y que he visto hasta hoy, con un aderezo pegado en la frente que decía: OTAWA, yo no tenía idea de qué significaba o cómo se pronunciaba.
Tuve el casco puesto todos los días luego de llegar de la guardería hasta diciembre, cuando el niño dios me trajo un increíble y rojo carro de bomberos.
Hay cosas tan sencillas que nos producen tanta felicidad de chicos, estamos libres de pretenciones y prejuicios. No nos importan los modelos que las lucen, ni las letras marcadas en su exterior ni mucho menos el estatus que puedan darnos. Somos libres, somos despreocupados, somos irresponsables, somos felices… somos libres.
Recuerdo que mi hermano de pequeño debió ser operado de algún inconveniente en la nariz y aunque ya había pasado el 30 de octubre, luego de aplicarle anestesia general procedieron a quitarle su disfraz de pingüino, el cual, continuó luciendo hasta que desafortunadamente la parte del trasero se rompió.
Él aún conserva un pedazo de tela amarilla que simulaba el pico del ave; yo conservo el parche con trozos de papél maché rojo adheridos y sus letras que dicen: OTAWA.
MrÖnik
Etiquetas: Bombero, Niños, OTAWA, papel maché, pingüino
27 Mayo 2009 a las 23:36 |
Muy bacano, trae recuerdos de la infancia