Hace unos días asistí a una charla, de esas que nos cambian la vida.
Estuve tentado de acercarme a la exponente para decirle sólo un par de conclusiones que tenía en ese momento y que hoy continúan siendo la conclusión final.
Quería decirle: -Oiga, gracias por la conferencia, pero la verdad es que me hizo sentir como un pendejo”…
Supongo que ella diría: -¿De verdad?, uish! y ¿eso por qué?…
Y mi respuesta, que corresponde a la segunda conclusión sería: -Porque usted me hizo pagar por echarme un cuento que yo ya me sabía y por el que he pagado una y otra vez, pero que por pendejo he olvidado una y otra vez.
Fin de la conversación.
¿Por qué y para qué pasarnos la vida viviendo la vida de otros? ¿Acaso no es suficiente con lidiar con la nuestra?
No encuentro sentido a tratar de ser la realización del sueño de otro. Eso es olvidar los propios que además son PROPIOS; que cada cual se busque los suyos que hay bastantes disponibles.
Una de esas cosas bonitas que tenemos es la intuición, es como dar vueltas y vueltas hasta marearse y luego salir a correr: no tienes claro dónde terminarás, ni tampoco si te golpearás o llegarás hasta donde querías; lo único claro es que se ve borroso y se siente mareo.
Todos criticamos eso de tener una vida programada, como de telenovela; pero si nos descuidamos terminamos viviendo una tal y como no la queríamos. Como dice un grande amigo mío, “perderse es muy fácil” y yo digo, “enfocarse es muy difícil cuando tantos opinan”. Es muy fácil terminar siendo como ese que tanto detestamos.
Hay que preguntarse a cada rato qué vida queremos, cómo queremos vivirla. Es lógico que estamos en constante cambio pero por lo menos de esta manera caminamos hacia donde queremos. Puede ser que la intuición actúe en este caso como la ruta que seleccionemos para llegar allí; pero como escribí hace poco: “Sólo aprendemos a nadar cuando decidimos tirarnos al agua” y no discuto que no se puedan tener salvavidas cerca, al contrario seríamos unos idiotas si no lo hiciéramos así. Hay que ser como los primates que no sueltan una rama sin tener la otra empuñada. Tampoco dejarlo todo a la intuición.
Para nadie es nuevo que la vida es un cuento de riesgos, de tomarlos, atreverse, lanzarse, tirarse al agua para aprender a nadar; de nosotros dependerá el estilo con que nademos. No siempre estará el salvavidas listo para sacarnos, entonces por eso hay que armarse de valor, dejar el miedo y tener bien inflados los flotadores.
Algo bueno es mezclar inteligencia con intuición, es dejarse llevar pero sabiendo hasta donde.
Mr.Öink

